• Lic. Victoria Sterkel

¿Por qué consultamos con un terapeuta?


La decisión de consultar a un profesional psicólogo surge frecuentemente cuando algo del orden de la angustia y del sufrimiento se nos hace insostenible.

Hay algo que nos mueve a consultar, abriendo un camino donde ese padecer se lo pueda cuestionar, interrogar, descubrir. Algo hace que se piense que, la palabra debe ser escuchada y que haga que ese padecimiento se vuelva un poco más soportable.

Muchas veces el decidirse a consultar con un extraño, ajeno a nosotros, implica un recorrido lleno de dudas e incertidumbres, otras veces nos permite acercarnos con más libertad dejando de lado ciertos prejuicios transmitidos socialmente, sostenidos por el imaginario colectivo.


Y como cada sujeto es único, con su sufrimiento y con su historia, el conflicto que motiva a su consulta será totalmente particular y por ende el camino que deba transitar.

Se trata de poder darle un sentido a eso que le pasa, de reordenar simbólicamente aquello que muchas veces por no poder hablarse, se expresa como síntoma.

¿Pero qué son los síntomas? Los síntomas son la expresión de conflictos inconscientes que no pueden ser tramitados simbólicamente, puesto en palabras y con un sentido claro. Por ello, se presentan anudados en sus más diversas expresiones y se manifiestan generando padecimiento en el sujeto.

El síntoma hace que el sujeto sufra de diferentes formas. Inhibiendo su vida cotidiana y por ello estancándose y/o privándose de actividades, disfrute y acciones diversas; complejizando su rutina creando rituales y pensamientos obsesivos o utilizando la evitación y el enclaustramiento severo como defensa ante el miedo. El síntoma también hace su aparición en el cuerpo, como esa angustia que desborda y se manifiesta en forma de palpitaciones, sudoraciones, mareos, opresión en el pecho, o también en las llamadas manifestaciones “psicosomáticas”.

Todo síntoma posee un sentido, darle un lugar, recorrerlo, construir y de- construir para volver a armar serán partes de un mismo proceso, donde el sujeto sea conducido a situarse de otro modo y desde otro lugar en relación a su padecer encontrando nuevas formas de posicionarse en relación a su deseo y a su saber.

El primer paso para mejorar aquello que nos aqueja y nos desborda es el reconocer la necesidad de apoyo, el reconocernos en una posición de debilidad pero sin significar esto algo peyorativo o avergonzante, sino de un lugar de fortaleza y valentía para sanar y encontrar una mejor versión de uno mismo. Si no nos tomamos el tiempo para pensarnos y admitirlo, ninguna cura o evolución tendrá lugar.

El éxito del tratamiento siempre dependerá entonces de dos importantes aristas: la capacidad de apoyo y empatía del terapeuta y así también, de la disposición del sujeto / paciente para pensarse, escucharse y poderse cuestionar.

4 vistas